Entrevista a Juan Ignacio Villarías ,
Contemporáneos

Almas de Cántaro

 Háblenos, por favor, de cómo llego a la literatura

Siempre quise ser escritor, desde que estudiaba historia de la literatura en el instituto. Ahí me entro la afición. A los treinta años me puse a escribir mi primera novela, que es ésta precisamente, basada en mis experiencias personales, sin llegar a ser autobiográfica. Pero hasta ahora, tantos años más tarde, permaneció dormida en la oscuridad del cajón. Con esto quiero decir que lo mío no es una vocación tardía, sino que desde siempre quise ser novelista.

Háblenos, por favor, de su última novela..

El alma de un tubo es la parte hueca del mismo. El alma de un cántaro, por tanto, es la oquedad de la vasija. Y una alma de cántaro, en sentido figurado, es una persona de poca sustancia. Almas de cántaro es el título que le di, el que corresponde a los jóvenes de hace cincuenta años, llenos de vitalidad y de ganas de triunfar, pero que se tenían que enfrentar a la realidad que no les ofrecía las oportunidades a que ellos ingenuamente aspiraban. Yo lo veo, y así lo doy a entender, como una época de esperanza, del comienzo de la salida del subdesarrollo, del inicio de la prosperidad, diríamos, pero no tanto. Los jóvenes de entonces iban en sus deseos por delante de las posibilidades reales.

Díganos por qué nos debería interesar su novela.

Una novela debe trasladar al lector a otra época, y a otro ambiente, a menos que coincidan con los suyos, que también puede ser. Y aquí yo intento, y ojalá que lo haya conseguido, introducir al lector en un ambiente de su mismo país pero de otra época próxima pasada. A los que hayan conocido aquellos tiempos les gustará rememorarlos, y a los que no, por lo menos espero que les guste saber cómo fueron. Porque lo que en esta novela pasa es lo que más o menos pasaba entonces.

Por esto y porque está, espero que así se me reconozca, escrita en una prosa fluida y elegante, en un estilo grato de leer, que es lo importante al fin y al cabo.

-¿Qué tiene de distinto respecto a otras que hayamos podido leer, que tratan la misma época?

Yo no sé si se escriben muchas o pocas novelas hoy acerca de aquellos tiempos. La mía está escrita con mentalidad de hoy, poniendo de manifiesto la diferencia de vida y de mentalidad, o lo que va de ayer a hoy. Cosas que hogaño son aceptadas como normales, entonces eran consideradas absolutamente inaceptables. Y viceversa. Las novelas de aquella época escritas en la misma época, al no tener perspectiva histórica, lógicamente no ponen de manifiesto diferencia alguna con respecto a la época actual.

-Qué cree usted que tiene el franquismo para que, 40 años después, siga protagonizando buena parte de la literatura española.

Pues lo que tiene es que muchos de los españoles de hoy lo hemos vivido, son nuestros recuerdos. Y para los que no los han vivido, son sus antecedentes más inmediatos. Nuestra manera de ver las cosas es heredera de la de entonces. Hemos llegado donde estamos a través de aquellos años, eso sí que está claro. Y a cualquiera le tendría que interesar saber, siquiera por aproximación, cómo era el ambiente de entonces, tan distinto del de ahora.

-Su obra, ¿a qué invita ,más? ¿A la reflexión o a la nostalgia?

No se trata de ninguna novela de tesis, aquí no se pretende demostrar nada. Por lo tanto, no invita a la reflexión. Sí a la nostalgia, evidentemente, y a la recreación.

¿Más cerca de los autores iberoamericanos, o de los europeos?

Me siento más cerca, como es lógico, de los autores en español, y de éstos, más de los españoles que de los hispanoamericanos. Más o menos como cualquier otro escritor español. Antes que leer traducciones, prefiero leer autores en español. Los americanos tienen otra manera de escribir, otro estilo, se nota enseguida.

-Como escritor, ¿de quién se siente más cerca? ¿de los autores iberoamericanos o de los europeos?

Yo no quiero que se me etiquete ni que se me relacione con nadie. Yo soy un autor de su época, mejor o peor. Eso de las influencias de unos autores sobre otros es muy opinable y subjetivo. Ha habido críticos que me han sacado influencias de autores que jamás he leído. Yo he leído a los clásicos, desde los más antiguos hasta los de hoy mismo. He leído a autores famosos y a desconocidos. De todos se puede sacar provecho. De todos en general y de ninguno en particular. Por eso no me atrevo a dar ni un solo nombre.

-¿Cree que la literatura debe tener algún fin político o social, o cree, en cambio, en el arte por el arte en sí?

Yo soy de los que niegan al arte valor didáctico. Y mucho menos político o social. Para sostener una tesis política o social hay que escribir un tratado, no una novela. Yo no estoy comprometido con nada ni con nadie, sino con mi propio arte. Yo soy, o pretendo ser, un artista, de ninguna manera un político. Ars gratia artis es mi lema.

-¿Cual cree que es el futuro de la profesión de escritor?

En cuanto a lo que se refiere a profesión, el futuro será igual que el presente. Muy pocos artistas, en esto como en todo, podrán vivir de su arte. La mayoría de ellos, entre los que me incluyo, nos tendremos que conformar con adquirir la consideración de artistas, y que se conozcan nuestras obras y se reconozca nuestro mérito. Después del enorme trabajo que lleva una novela, al echar cuentas resulta que no se gana nada prácticamente. No importa. Eso ya se sabía, el pago no es ése. Ya sabemos que de esto vamos a sacar más gloria que provecho.

-¿Qué opina del actual debate sobre cultura libre y derechos de autor?

El artista tendrá que tener derecho a ejercer la propiedad de su obra, eso nadie se lo niega. El propio artista, o aquél a quien le haya vendido la obra. Pero este tema es muy complejo, no se puede resumir aquí con cuatro palabras. La ley lo regula, nunca a gusto de todos, como toda ley. Yo por mí puedo decir que estaría encantado de que me pirateasen mis obras, aun cuando yo no ganaría nada en esa operación. Ya he dicho que yo no vivo de esto. Pero yo sólo puedo hablar por mí.

¿Es usted más leonés o cántabro?

Soy natural de La Bañeza, pero a los pocos años, debido a un traslado profesional de mi padre, me vi en Santoña, provincia de Santander. Soy leonés de nacimiento, y de sentimiento también. Aunque vivo en una provincia limítrofe, voy mucho por La Bañeza, no pierdo el contacto con mi pueblo. Pero tengo que decir que también me tengo que considerar un poco cántabro, pues en esa provincia me crié, y aquí resido al día de hoy. También residí en Santa Cruz de Tenerife durante doce años, pero en esto sí puedo decir que de canario no tengo nada.

 

——

 

Y una breve reseña sobre su novela

 

Título: Almas de cántaro

 

Autor: Juan Ignacio Villarías

 

Género: novela costumbrista, entre urbana y rural.

 

288 páginas Times New Roman tamaño 14, 133.000 palabras.

 

Sinopsis.-  Estamos en los años sesenta, en pleno franquismo, en una localidad pesquera del Cantábrico. Melanio vuelve de la mili a reencontrarse con lo mismo de siempre, a sumergirse otra vez en la rutina y la vulgaridad. Se junta con sus amigos de siempre, el Negro, que trabaja de albañil, y otros muchos personajes del pueblo, que van pasando cada uno con sus afanes y sus anhelos contenidos.

Melanio no quiere acabar de albañil, la más fácil y la peor de las salidas que se le ofrecen. No ha acudido al instituto, como otros a los que secretamente admira, pero se considera apto para más altos fines. De momento tiene que aceptar un trabajo eventual de pintor, pero se la embarcan y no cobra. Es primavera, la costera del bocarte, y aprovecha con su amigo el Negro para irse a descabezar bocartes a la fábrica de un salazonero siciliano, donde se encuentra con unos personajes muy particulares.

Paralelamente aparecen otros personajes de lo más diverso y peculiar. Guálter (Gualterio) tiene un taller mecánico en sociedad con Elfo (Filadelfo), pero no les va nada bien. Tienen de ayudante a Colasín, amigo de Melanio y del Negro (que no es negro, conviene aclarar), por cuya mediación Melanio se pone a trabajar para esos dos pájaros de cuenta, si bien sin mucho convencimiento. En compañía de otro pájaro de cuenta, el Zapatones, se propone Guálter pasar la frontera francesa para dar un golpe en una fábrica donde anteriormente estuvo trabajando, pero no les sale bien.

El Negro, acompañado de Melanio, acude a Santander a probarse como jugador para un equipo de fútbol, y hasta mete un gol y todo, pero luego van pasando los días y no le llaman, a pesar de que le dijeron que ya le llamarían.

Otros personajes aparecen, unos monaguillos y el cura párroco don Cayuco, aquéllos se van a un campamento del Frente de Juventudes, y cuando vuelven el cura los echa porque se habían llevado las perras del cepillo para pagar la cuota.

Más personajes, tres estudiantes del instituto, que han suspendido en los exámenes ordinarios y tienen que acudir a las clases particulares de un maestro muy especial, don Inocencio (a quien sus alumnos llamaban don Ignorancio), tan especial que ni es maestro ni es nada, un cuentista nada más. Exámenes de septiembre, y vuelta a suspender.

Ciro el barbero y Melanio (el Negro no quiso saber nada) se proponen ir al cementerio de noche a robar un cadáver reciente, para vendérsele a un médico que le necesita para la facultad de medicina, pero no les sale bien.

Aparece también un personaje de lo más pintoresco, Gorriti, que no se apellida así, sino que así le llaman porque siempre anda buscando la manera de comer o beber de gorra.

Colasín y dos anormales (Melanio rehusó participar) se disponen a robar de noche en una tienda de ultramarinos, pero sacan poco provecho, y encima a los otros dos los detiene la guardia civil, y Colasín para librarse se embarca en un barco pesquero, donde pasa sus vicisitudes.

Dos aldeanos, Lonio Sisniega y Sasito Morlote, estudiantes del instituto, se unen a Colasín, Melanio y el Negro, para ir a su aldea lejana a robar una lata llena de dinero que dicen que un aldeano misantrópico tiene allí escondida. Pero no les sale bien.

Y todo así, personajes del pueblo, aventuras y desventuras, anhelos y fracasos, escrito en una prosa elegante y fácil de leer, que introduce el lector en el ambiente y en la mentalidad de un pueblo de la España franquista, muy distinta vida de la de hoy. Aquí se aprecia lo que ha cambiado España en sólo cuarenta o cincuenta años. Al que vivió la época, le agradará volver atrás; y al que no la vivió, le interesará saber cómo fue. Le gustará tanto al lector más erudito, como al más ignorante.

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